Hace unas semanas mi hija de ocho años de edad me hizo una de las preguntas más difíciles que yo haya tenido que contestar: “Daddy, is Santa real?”
Desde que ella tenía alrededor de seis años, ella comenzó a hacer preguntas interesantes y desde entonces yo le dije que cada vez que ella me hiciera una pregunta, siempre le contestaría con la verdad. No puede ser de otra forma. Como padre y como adulto uno no puede mentirle a los hijos. Aquel dicho de que “hay mentiras piadosas” no cabe en la relación padre e hija. Definitivamente no. Uno debe dejar claro en la mente de los pequeños que hay alguien en el que pueden confiar para cualquier pregunta y en todo momento.
Por supuesto, lo lógico sería pensar que la respuesta debe ser dada de acuerdo a la edad. Cierto. Pero yo he querido ir más allá de solo dar una respuesta. Si doy una respuesta simple y “no correcta”, la niña podría quedarse con esa respuesta por el resto de su vida, ó por lo menos hasta que tenga la edad para averiguarlo por ella misma ó hasta que le pregunte a alguien más, incluyendo posiblemente a sus compañeros de escuela. Entonces sabría que su padre le habría mentido. Eso yo no iba a dejar que sucediera.
Al darle una respuesta, fui más allá y contesté la pregunta con otra pregunta. De esa manera le daría un arma poderosa: el pensar y no solo aceptar ciegamente una idea y seguirla.
- “¿Santa es real?”, me preguntó con esa hermosa sonrisa y ya estando ella en su cama a punto de dormir.
- Yo también sonreí y contesté: “¿Tú qué crees?”
- Ella respondió con cierto titubeo y casi como en forma de pregunta: “¿No?”
- Yo solo dije: “Tienes razón”.
- Ella, emocionada, casi brincando replicó: “¡Lo sabía!, ¡Lo sabía!”
- “¿Por qué dices que lo sabías? ¿Habías hablado con alguien más sobre esto?”
- “No, pero me lo imaginaba”
Por supuesto, ese tipo de respuestas abren la mente y dan pié a más preguntas.
- “Papi, ¿pero entonces quién nos trae los regalos?”
La respuesta, nuevamente, fue con otra pregunta:
- “¿Tú quién crees que los trae?”
La bella sonrisa se mostró nuevamente y ya casi sin titubear me contestó con el mismo tono de pregunta:
- “¿Tú y mami?”
- “Así es”, le respondí.
Fue un momento increíblemente mágico. Además de que la sesión de preguntas y respuestas me aseguraba que ella estaba madurando, yo había dejado en mi hija varios regalos importantísimos que un padre no se puede dar el lujo de tirar por la ventana: El dejar claro que ella puede confiar en sus padres para cualquier cosa y dejé esa mente abierta a seguir aprendiendo a “escuchar” su SENTIDO COMÚN.
Por supuesto, tuve una breve conversación con ella sobre lo importante que debía ser mantener “el secreto sobre Santa” fuera del alcance de su hermanita menor. La pequeña debía ser quien hiciera las preguntas y no escuchar la verdad de boca de su hermana mayor.
Debo confesar que sentí un poco de temor de que, al acercarse la época navideña, mi hija tuviera otro enfoque al asunto de “Santa”, pero afortunadamente para ella y para toda la familia la navidad sigue siendo la misma época extraordinaria. Mi hija ha mantenido su palabra de no decir nada sobre “lo de Santa” a su hermanita, y el personaje gordito de rojo y blanco le sigue emocionando. En casa seguimos diciendo cosas como “Santa les traerá muchos regalos si se portan bien” y hemos discutido sobre las galletas que prepararán para “Santa” en la noche buena, etc. Pero en el fondo, ella sabe la verdad. Es un personaje ficticio, como muchas historias que nos contaron desde que éramos pequeños, pero que sigue emocionando a chicos y grandes, por la época del año y por los regalos, especialmente en un país en el que el consumismo se lleva en la epidermis.
También es importante entender que uno no debe iniciar la conversación de un tema con los pequeños. Cuando ellos preguntan, entonces es el momento de hablar del tema en cuestión, cualquiera que éste sea... cualquiera.
También es importante entender que uno no debe iniciar la conversación de un tema con los pequeños. Cuando ellos preguntan, entonces es el momento de hablar del tema en cuestión, cualquiera que éste sea... cualquiera.
Mi hija entiende perfectamente la diferencia entre la realidad de la ficción, como todos los niños de su edad. Entiende que un adulto gordo no cabe en una chimenea y que no puede entrar a casa por la puerta cuando todos están dormidos porque sonaría la alarma y..... Bueno. Las historias que no tenían sentido, ahora tienen más sentido para ella. Y, claro, la época navideña se sigue festejando en casa, como de costumbre. La costumbre de este lado.
Que disfruten todos ustedes de la época navideña que, como dice la canción... “It’s the most wonderful time of the year”.
¡Felices Celebraciones Navideñas!
Luis Navarro
